Basura celeste: Un paisaje de cinco mil años






Por Ricardo Solís
Si uno persiguiera encontrar el resumen más preciso para un libro como El mar Negro: Del siglo de Pericles a la actualidad (Tusquets Editores, 2016), del historiador escocés Neal Ascherson (Edimburgo, 1932), lo hallaría en la frase que apunta el autor en el epílogo de la obra cuando refiere que “trata de las identidades y del uso de los espejos para engrandecer o distorsionar la identidad: los disfraces del nacionalismo”, una idea que –en coincidencia con Eric Hobsbawm– sostiene como la “obligación principal” del historiador, siempre y cuando “se ponga al descubierto el elemento mítico en la construcción de pueblos y etnias”.
Aunque publicado originalmente en 1995, la edición a que me refiero ha sido actualizada en más de una ocasión para poner a sus lectores “al día” –el prólogo fue escrito en 2014– respecto de los últimos acontecimientos en una zona geográfica de gran importancia para la historia (y el futuro) de Europa y Asia central, un sitio que ha sido escenario de fricciones entre grandes imperios y culturas, donde han convivido a los largo de milenios los griegos, escitas, sármatas, romanos, hunos, tártaros, eslavos, bizantinos, otomanos, germanos y un larguísimo etcétera.
Como viajero, historiador y divulgador que es, Ascherson hace uso de su experiencia para narrar de forma muy amena –casi como si se tratara de un reportaje periodístico– sus distintas estancias por diferentes costas del mar Negro; ahora, si bien es un texto “histórico” el autor busca evitar la sistematización excesiva y revisar los distintos aspectos que nos permiten conocer un poco los pueblos que habitaron y habitan la zona, no sin abordar asimismo la literatura y el arte. Ascherson, de este modo, inicia su relato en la península de Crimea, de ahí pasa a Georgia, luego regresa al oeste para recorrer parte de Ucrania y Rumania, para después concluir en Estambul (Turquía); se trata de un itinerario que no es completo ni exhaustivo (unos países reciben mayor atención que otros), pero siempre mantiene el interés gracias a las referencias eruditas y los datos que toma de la arqueología, la antropología, la ciencia política, la literatura, las mitologías varias o el folclor.
En términos cronológicos, los contenidos de este libro van desde la época de Herodoto hasta el afianzamiento en el poder de Putin, desde el mítico viaje de Jasón y los argonautas hasta la caída de los estados comunistas y los conflictos políticos posteriores en Ucrania y Georgia; así, mediante saltos geográficos y temporales, se recorre una región donde la paz parece no llegar nunca y, a pesar de ello, ha hecho posible la convivencia entre países tan dispares como Turquía, Georgia, Armenia, Rusia, Ucrania, Rumania, Bulgaria y Grecia; un cosmos tan complejo del que Neal Ascherson ha escrito que “constituye un solo paisaje cultural. Ninguna de sus partes tiene sentido cuando se separa de las demás. Y, sin embargo, nada es más esencial para el mar Negro que el cambio continuo en todas partes”, un espacio que jamás ha sido estable porque “sus pueblos han estado en movimiento durante por lo menos cinco mil años”.
Destacable, por supuesto, es que el autor “aligere” su estilo sin menoscabo del peso que guarda el dato duro y las herramientas metodológicas (al final de la edición), esto es, va intercalando numerosas historias que van desde la evolución de la situación de la arqueología en el mundo soviético a su precaria actualidad, de la mutación de los oceanógrafos profesionales en guías de turismo a la reivindicación de diversos pasajes de Herodoto o anécdotas de espionaje y pasión que en Odessa vivieron poetas como Aleksandr Pushkin o Adam Mickiewicz.
Ahora bien, más allá de las virtudes narrativas del texto, se agradece que Ascherson ponga su atención en los numerosos e intensos movimientos migratorios que acontecieron en la zona desde la antigüedad helénica y que provocaron la presencia de numerosos grupos étnicos, aunque no olvida tampoco el sustrato de verdad “probable” en la leyenda de las amazonas o los falsos orígenes que sustentaron ideas nacionalistas en varias naciones. Por otra parte, no ignora los pavorosos problemas medioambientales que aquejan al mar Negro desde hace milenios, pues es un cuerpo de agua casi muerto biológicamente hablando (aunque presente algunas señales de recuperación).
Y, porque se vale insistir, es en la conjunción de todos sus atributos que este libro prueba que puede atraparnos y convencernos; en El mar Negro, Neal Ascherson semeja más un viejo conocido que conversa a nuestro lado –con la soltura que otorga una familiaridad de años– y comparte la mesa para contarnos acerca de aquello que ha conocido de primera o segunda mano y de lo que, lo ha notado, nosotros no tenemos idea. Quizá su recompensa sea mirar un poco de asombro en nuestros ojos o, tal vez, un oyente que confiesa haber recordado a Marco Polo.
Ricardo Solís (Navojoa, Sonora, 1970). Realizó estudios de Derecho y Literaturas Hispánicas en la Universidad de Sonora. Ha colaborado en distintos medios locales y nacionales. Ganador de diferentes premios nacionales de poesía y autor de algunos poemarios. Fue reportero de la sección Cultura para La Jornada Jalisco y El Informador. Actualmente trabaja para el gobierno municipal de Zapopan.





