Urantia: ABSOLUTO






“No vemos las cosas como son, sino como somos”
Kant
Miguel Manríquez Durán
1: En librería Bertrand aprendí una lección invaluable. Casi todos entran a una librería a ver y escoger libros, pero -me sucede con frecuencia- que ha tiempo que los libros me buscan. Aceptar de una vez por todas que hay libros que “me llaman” es un buen modo de lectura. No hay escapatoria alguna: el libro te perseguirá hasta que abdiques ya convencido, ya cansado o ya poseído por el texto.
Estoy cierto de que el autor desaparece en el momento mismo de la historia narrada, así como el poeta es un anónimo después ya que el poema no le pertenece. No es casual que ciertos personajes me hostiguen incansables por años y hasta décadas. Termina uno por aceptarlos y verlos directamente y hasta vivir sus vidas. Desde hace años me habitan varios de estos “daemones” y me temo que son los autores de mis palabras. No es fácil aceptar tales “posesiones” porque llevan por caminos plenos de incertidumbres y, al mismo tiempo, de maravillas insituables.
No hay señales previas. En cualquier lugar y día sin importar país, idioma, tema o precio, la posesión ocurre: primero mirar la portada y título para que la extrañeza invada. Entonces el título queda indeleble en la memoria y, mejor aún si se compra. Ha veinte años, camino a casa, en una pequeña y hasta vulgar librería de una caótica estación de trenes, un libro me escogió: “L’Encyclopédie du savoir relatif et absolu” (La enciclopedia del saber relativo y absoluto) de Bernard Werber publicado en 1993. Desde hace poco más de dos décadas lo tengo a la mano y muy de cuando en cuando vuelvo a su lectura.
2: Los seguidores de Werber también le llaman L’ESRA y saben muy bien que es el testamento de Edmond Wells, personaje del mismo Werber y que es uno de mis “daemones”. En otras palabras, el libro (ficticio) fue escrito por Wells (personaje). Edmond Wells es Un famoso entomólogo que estudia la vida de las hormigas: comunicación, organización de los hormigueros, distribución mundial de las hormigas. Después de pasar largas temporadas en África, este solitario hombre sabio morirá atacado por avispas al ser confundido con hormigas. Dejará entonces sus notas a Jonathan Wells, su sobrino, para que investigue los descubrimientos revolucionarios.
En su novela “Las hormigas” (1991), Bernard Werber (Toulouse, 1961) mezcla mitología, filosofía, biología, espiritualidad, ciencia y ficción. Sus libros, traducidos a treinta y cinco idiomas y con más de 15 millones de ejemplares vendidos. No dejaré de pensar que L’ESRA me escogió: fue atracción metafísica determinante: una interferencia, pues. Me explico: El autor es un habitante de Toulouse, la librería donde compré su libro fue en esa misma ciudad durante los años de mi permanencia en la misma. Es decir: un lugar y un tiempo absoluto: un “locus” literario. Por ello está demás decir que Wells (su personaje, mi “daemon”) “llega hasta los límites del universo y descubre la auténtica naturaleza del mundo: es el primero en tomar conciencia de que sólo son personajes de novela y que solo viven porque el lector lee sus aventuras”.
3: El contenido de L’ESRA es complejo y maravilloso. Bien dice el prefacio (cito “in extenso”): “Contiene información que no encontrará en otro lado. Información de dominios tan extraños o complementarios como: los grandes enigmas del pasado, acertijos matemáticos, recetas de cocina extrañas, las paradojas de la física cuántica, anécdotas desconocidas de la historia de la humanidad o bromas filosóficas. Aquí, la hipnosis, la alquimia, el chamanismo o la cábala rozan con la sociología, la biología o la arqueología. Aquí, descubrimos como sueñan los delfines y cómo nació el universo. Cómo los chinos se encontraron con los occidentales y cómo se prepara la hidromiel, bebida de las hormigas y los dioses”.
Miguel Manríquez Durán. Poeta.






Que interesante! Me motiva a continuar mi lectura.
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