La perinola: Hombres de mucha fe






Por Álex Ramírez-Arballo
Gianni Vattimo (Turín, 1936) afirma en su célebre Creer que se cree (1996) que esta era posmoderna, que supongo todavía habitamos, ha de ser la era de las creencias, el nuevo tiempo de la fe. El italiano no se refería a la fe incardinada en las aulas y oficinas de las universidades, donde el aludido posmodernismo ha sentado sus reales formalizado en millones de papers sobre poder, lenguaje, raza, nación, género, etc. No se refería a eso sino a la fe, digamos tradicional, que implica el acto irracional de suponer que el universo entero es un teatro existencial regido por un sistema de leyes que los humanos solo podemos atisbar y que la Divinidad dicta desde su impenetrable sabiduría. Sin embargo, el filósofo italiano no se refiere a una nueva edad de las religiones sino a una suerte de secularización, a una penetración fideista de las estructuras seculares, a una kenosis (ἐκένωσεν) o “abajamiento de Dios” que, por paradójico que pueda resultar, deviene en una especie de purificación o decantación que nos prepara -según esto- a conocer verdaderamente, más allá de los dogmas y la languidez burocrática de las estructuras eclesiásticas, la Voluntad con mayúscula, la voluntad de Dios por fin mostrada. La nueva fe, como se puede inferir fácilmente, es la fe del pueblo. Ahí nomás.
Yo leí este librito hace muchos años y, como casi todo lo que escribe Vattimo, lo encontré fascinante: ameno sin ser frívolo, breve sin ser parco, claro sin caer en las trampas del reduccionismo. Lo leí y lo disfruté, aunque no estuve de acuerdo con lo que ahí se decía. Lo leí y lo olvidé hasta que apareció en el horizonte Morena, el partido de López Obrador, y su cruzada ontológica contra la maldad total, encarnada básicamente en todo aquel que no piense como él. Muy poco me bastó para darme cuenta de que aquel “movimiento” parecía validar las intuiciones de Vattimo: una revuelta evangelizadora que se apropia de la fraseología teologal sin tener que vérselas con el enredo metafísico: la voluntad del mesías es la voluntad del pueblo y, por tanto, la voluntad de Dios. Aquello me alertó de inmediato: “ha pinchado el nervio”, pensé. No estaba equivocado.
Los adversarios de esta gente, entre los que claramente me encuentro yo, reaccionamos desde la desesperación constante, esa frustración radical que nos otorga el saber que el asunto va a terminar mal, muy mal, porque los países no pueden dejarse en manos de los hombres de fe, como no puede dejarse un arma cargada entre las manos de un niño. Sin embargo, creo que no hemos sabido comprender contra qué es lo que nos enfrentamos; los que venimos de la academia escribimos artículos, citamos filósofos, nos arrancamos el pelo o la camisa en conciliábulos universitarios, pero poco más: todo eso acaba en agua de borrajas. “La cuarta va”. Nada parece detener la voluntad y la luz del kerigma.
El error ha consistido en pretender combatir el irracionalismo emocional con argumentos: eso no ha funcionado jamás. El poder en México no se apoya hoy en día en los hechos sino en las emociones atizadas desde el púlpito mediático, estimulando la amígdala popular, suplantando la estrategia por los buenos deseos, la evidencia por la ilusión, la política por la demagogia, la historia por el mito; López Obrador es un cuentacuentos, un seductor de multitudes que trepa a la rama del árbol de la Esperanza para cantar las alabanzas de un Reino que ya existe en el alma conmovida de cuantos lo escuchan. La gente no quiere conocer la verdad, lo que quiere es sentir. La gente no espera soluciones sino alegrías. Los homo sapiens somos así, buscamos con desesperación una mentira colectiva que nos haga estremecernos al amparo de la pertenencia, la identidad consumada en torno a una idea sencilla que lo explique todo. No buscamos la libertad, buscamos un nombre.
No soy experto en estrategias políticas, ni quiero serlo. No tengo respuestas ante el fenómeno absurdo que veo y comprendo; la humanidad se postra ante becerros de oro a la menor provocación porque el proyecto ilustrado, después de todo, parece haber calado poco entre la muchedumbre. El tiempo nuestro, el tiempo de la nueva fe, como dijera Vattimo, es el tiempo de la mentira institucionalizada, la complacencia, la ciega destrucción del porvenir. Son tiempos de algazara popular, de irresponsabilidad y desenfreno emocional: la fe todo el tiempo ha sido así, desemboca siempre en jolgorio populachero. El ideal moderno del progreso es un señor al que ya nadie le cree y del que todos se burlan, y la realidad es una señora achacosa a la que ya nadie visita pero, que no se nos olvide, tiene muy buena memoria.
El presidente de México es un hombre de su tiempo, aunque no tenga los recursos intelectuales para comprenderlo. Opera la máquina oscura de su templo manipulando a la grey con la maestría pecuaria de quien alimenta animales hambrientos y obedientes, un hato de engorda que no tiene otra finalidad que el sacrificio. Junto a él una secta sacerdotal impulsa el catequismo del Hombre Nuevo, constructores de la simpleza más aberrante y el desamparo moral. Son todos ellos la comprobación de una época ya muerta y maloliente, la modernidad, la hermosa modernidad. Como liberal estoy llamado al optimismo, pero tengo que reconocer que de cara a la realidad me cuesta cada vez más trabajo.
En unos cuantos días habrá elecciones en México y muchos de los detractores del régimen se aferran como a un clavo ardiente al deseo de resolver, así fuera parcialmente, el desorden metódico implantado desde Palacio. Me conmueve ver esas brasas removidas, esa agonía prolongada más allá de lo necesario. No tengo elementos de juicio suficiente como para animarme con ellos; pienso más bien que se subestima el poder de control de las demagogias populistas y la mansedumbre acrítica de un amplísimo sector de la población mexicana. Estamos ahora mismo, amigos míos, llamando a las puertas de la locura. Tal es la hondura de nuestro desastre.
Álex Ramírez-Arballo. Doctor en literaturas hispánicas. Profesor de lengua y literatura en la Penn State University. Escritor, mentor y conferenciante. Amante del documental y de todas las formas de la no ficción. Blogger, vlogger y podcaster. www.alexramirezblog.com





