viernes, abril 4, 2025
ColaboraciónLa perinola

La perinola: Los quijotillos son legión

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Me llama poderosamente la atención la manera en la que los usuarios de las redes sociales despliegan su personalidad en ellas. Por ejemplo, en Twitter, que son los pagos por donde con más frecuencia suelo merodear, campea un usuario típico que no ha podido o querido enterarse de que la red del “pajarito” no es un oráculo al que hay que abocarnos cuando necesitamos conocer una respuesta. Se comportan con un nivel de ingenuidad sonrojante y son ellos, no tengo la menor duda, el objetivo principal de los operadores más oscuros de la propaganda. Esta gente no se ha enterado de que el “performance” de las redes sociales es eso, una ficción en acción, una mentira social asumida por todos como parte de un nuevo escenario interactivo basado en la tecnología de la información. Es eso y nada más. ¿Qué buscamos con ello? Bueno, creo que básicamente una cosa: combatir el tedio derivado de una vida en constante aceleración, rutinaria y, aunque les cueste aceptarlo a muchos, una vida más segura y rica. Si tuviéramos que salir todos los días a buscar nuestro sustento en el medio de la selva, dudo mucho que hubiera “mames”, “memes”, “cancelaciones” y demás prácticas tan comunes en dichas plataformas.

Si borrar las fronteras entre la ficción y la realidad obedece a un afán lúdico, como es mi caso y el de muchas personas más, me parece una práctica sana. Sin embargo, cuando esa frontera se ha desdibujado desde la inocencia, estamos ante un grave problema, pues esto significa que hay millones de personas allí fuera incapaces de implementar los rudimentos mínimos del pensamiento crítico. Pondré un ejemplo que creo es muy claro. Imagina a un hombre que entra al cine y a poco de empezar la película, se levanta exasperado, gritando y denunciando que todo aquello es una mentira, un intento de engaño. Sería absurdo, ¿no? Ahora imagina que alguien al salir del cine después de disfrutar de una película, insiste en creer que todo lo que lo rodea es continuación de esa película que acaba de ver desplegarse sobre la pantalla. No me parece menos dramático. Entonces, distinguir la diferencia entre ficción y realidad nos permite entrar al cine, reír y llorar (como que pagamos el alto precio del boleto) y después salir a vivir la vida que nos ha tocado en suerte a seguir moviendo nuestra pesada piedra de molino. A esto me refiero cuando hablo de diferenciar la frontera entre la realidad y la mentira estética que llamamos ficción.

¿Por qué sucede que muchos prefieren la fantasía a la dureza de los hechos cotidianos? Bueno, mire usted, no tengo una respuesta. Solo sé que las legiones de quijotillos crédulos que entran a las redes sociales a difundir de modo amplificado las mentiras que más confirmen el universo íntimo de sus fantasías, representan una grave amenaza a la solidez democrática y liberal de occidente, que es lo único que tenemos. Es esto o la muerte. Así las cosas.

Separador - La Chicharra

Álex Ramírez-Arballo. Doctor en literaturas hispánicas. Profesor de lengua y literatura en la Penn State University. Escritor, mentor y conferenciante. Amante del documental y de todas las formas de la no ficción. Blogger, vlogger y podcaster. www.alexramirezblog.com

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2 comentarios en "La perinola: Los quijotillos son legión"

  • “Solo sé que las legiones de quijotillos crédulos que entran a las redes sociales a difundir de modo amplificado las mentiras que más confirmen el universo íntimo de sus fantasías, representan una grave amenaza a la solidez democrática y liberal de occidente, que es lo único que tenemos. Es esto o la muerte. Así las cosas.”

    Es este el remate de un loco orate intolerante que habla sobre propaganda; pero no dice qué propaganda y por parte de qué o de quiénes.
    Es este el remate de un artículo que mezcla frases literarias como “el universo íntimo de sus fantasías” con cosas concretas de la realidad social “la solidez democrática y liberal de occidente”, presupuesto que está por verse y que suena a paranoia existencialista de un pronorteamericano viviendo en los Estados Unidos, y se refiere a “la solidez democrática y liberal de occidente” como un deber ser y un poco como diciendo, los de oriente no importan, los únicos verdaderos seres importantes son los liberales demócratas de occidentes, los que suelen tener actitudes colonialistas, imperialistas, racistas, clasistas, etcétera, por lo menos algunos cuatrocientos años… y que, siguiendo su paranoia, dice, “es lo único que tenemos”, como si eso fuera la panacea para la solución de los problemas en Italia, en Grecia, en España, en Francia, en Colombia, en México y propiamente en los Estados Unidos, que no los carece sino todo lo contrario.

    ¿Cuál propaganda?
    ¿Por parte de quién?
    ¿Quién dijo que la vida de occidente es perfecta porque el liberalismo y porque la democracia?
    Las sociedades son dinámicas, complejas, imperfectas, se estrellan una y otra vez con las fisuras que la cultura misma va abriendo en su devenir enfrentar una realidad en la que la disponibilidad de oportunidades y recursos no alcanzan para todos… los países de occidente se mueven en una amplia zona gris, una escala de grises, en la que un tres por ciento o un cinco por ciento vive en la claridad y la felicidad del blanco y un porcentaje creciente vive o vivimos en la oscuridad del negro.
    Nunca se arregla todo sólo con palabras y palabrería.
    Hay ingenieros sociales, hay datos duros, hay quehacer práctico, hay trabajo de campo.
    Esta presentación ante la opinión pública de presentarse en el centro de la problemática pegando gritos de alarma acerca de cosas inevitables inherentes a un fenómeno masivo y cultural como las redes sociales, es tan inútil como la percepción de que tan sólo con decir, hablar, escribir y opinar, descalificando y adjetivizando a izquierda y a derecha, ofrece algún tipo de solución que sirva.
    No ofrece nada.
    No sirve.
    El mundo se mueve. La fotografía que intentas hacer es una imagen que mañana no estará.
    Hay gente que se ocupa. Si dependiéramos de los editorialistas, de los articulistas, de los opinólogos, mal estaríamos. Peor estaríamos.

    “Grave amenaza”. Otra vez la teoría de infundir miedo que utilizan los conspiracionistas o los que no dan para más en el terreno del análisis.

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  • Vaya, Alejandro… tal pareciera que abandonaste a éste tipo (el comentador) por su mejor amigo. Vives rent-free en su mente…

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