viernes, abril 4, 2025
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Celuloide: Ladrones de bicicletas

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Por Jesús Ricardo Félix
Jesús Ricardo FélixVittorio De Sica reconocido cineasta de mediados del siglo XX es considerado una de las figuras más destacadas del neorrealismo italiano. Dicho movimiento nacería después de la Segunda guerra mundial cuando Italia se reconstruía a si misma después del fascismo encabezado por Benito Mussolini. Bajo el régimen de Mussolini el cine promovía el nacionalismo, la historia, los musicales, es decir reflejo del espíritu fascista de la época. En la etapa de la posguerra se va hacer énfasis en las historias más humanas, más reales que reflejaban la crisis económica y moral de un pueblo dividido por las ideologías. Directores como Roberto Rossellini o Pier Paolo Pasolini se caracterizaban por buscar a sus personajes en la calle imprimiendo un sello de improvisación a sus producciones. Se buscaba retratar la realidad de una manera tan obsesiva que no importaba si los actores no tenían una formación profesional, eran actores de la vida real. Se buscaba explorar las emociones de los personajes y no tanto a la perfección del guion que podía ser bastante flexible. De Sica iba a realizar películas como: El limpiabotas 1946, El oro de Nápoles 1954, Ayer, hoy y mañana 1963, Ladrones de bicicletas 1948. Es por eso que en esta semana en el Celuloide nos echamos un clavado a la época del cine de oro italiano y nos atrevemos a hablar sobre el clásico: Ladri di biciclette.

Ladrones de bicicletas es una de las mejores películas de la época y cuenta la historia de Antonio Ricci interpretado por el actor no profesional llamado Lamberto Maggiorani, más adelante les digo que fue lo que le ocurrió con él.

Desde el inicio de la historia se nos presenta a un Antonio Ricci desesperado por encontrar trabajo, en el corazón de Roma el desempleo abunda y encontrar un trabajo pegando carteles es una suerte que muchos quisieran obtener. Antonio lo consigue pero debe desempeñar su bicicleta para cerrar el trato. Mientras pega un poster de cine (irónicamente) un ladrón le roba la bicicleta y a partir de ahí comienza el paseo por la desazón de nuestro protagonista. Antonio emprende una búsqueda interminable por las calles de Roma junto a su hijo Bruno quien es su máximo admirador.

Se dice que De Sica eligió al personaje del niño Bruno simplemente por su forma de caminar, y que no hay escenas filmadas en estudio si no que todas fueron rodadas en las mismas calles de Roma, convirtiendo la ciudad en un personaje secundario. Definitivamente recomendable, de la mano de Antonio y Bruno nos asomamos a las entrañas de la Roma de la posguerra observando los vagabundos, los camaradas de partido, el sindicato, los charlatanes, los contrastes entre las clases sociales, el fervor por el fútbol, la escasez de oportunidades. Por ahí hay una crítica fuerte a la iglesia católica que no alcanza a transformarse lo suficiente para hacer frente a la crisis social que viven sus feligreses.

Respecto al actor improvisado Lamberto Maggiorani se dice que era un simple obrero de una fábrica cuando fue elegido por De Sica para interpretar el personaje principal. Se dice que el improvisado actor ganó una considerable suma de dinero pero no la suficiente para considerarse millonario. Al intentar reincorporarse a su empleo en la fábrica fue despedido pues los patrones pensaron que él no necesitaba ese trabajo, ya era una estrella de cine. Lo cierto es que intentó participar en varias películas logrando obtener pequeños papeles que no le redituaban la gran cosa. Alternó sus actividades entre albañil y extra siendo la película de Ladrones de bicicletas su único y más grande éxito en el cine.

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