jueves, abril 3, 2025
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El color de las amapas: El sueño de volar en la frontera

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A veces la vida nos patea el trasero, nos tira al suelo y nos revuelca muchas veces, pero al paso del tiempo nos damos cuenta que en realidad nos estaba haciendo un favor.
– Erasmo “Eddie” Malacara

 

Por Ignacio Lagarda Lagarda
Cuando al novel de literatura Gabriel García Márquez le preguntaban cómo escogía el nombre de los personajes de sus novelas y cuentos, invariablemente contestaba que en cada hotel que llegaba revisaba los nombres de los directorios telefónicos y de ahí sacaba aquellos nombres tan originales.

Cuando escriba mi próxima historia incluiré a un personaje que es un intrépido piloto aventurero que volaba llevando y trayendo gente y mercancías por los pueblos y rancherías de la inmensa serranía del sur sonorense, tan bueno para pilotar, que era capaz de aterrizar sobre una moneda de 20 centavos, y todavía le sobraban diez. Lo llamaré Erasmo “Eddie” Malacara.

El apellido Malacara, de gran antigüedad, es originario de Lérida, en Cataluña, España, que tomó el nombre del antiquísimo castillo de Malacara en la comarca de Segarra. Llevaron ese apellido los caballeros españoles Pedro de Malacara y Galcerán de Malacara, este último también puede ser usado en una novela o un cuento.

Los Malacara llegaron a México por Veracruz, desde donde algunos se introdujeron al norte de la Nueva España y se establecieron en la sierra de Galeana, Nuevo León.

A mediados del siglo XX, el matrimonio Malacara Flores, buscando mejores condiciones de vida  se mudó a Reynosa, Tamaulipas, donde, en 1966 nació Erasmo, uno de sus hijos.

A sus catorce años, Erasmo Malacara Flores soñó con ser piloto y cuando terminó la secundaria viajó a Zapopan, Jalisco, con la intención de estudiar en la escuela de pilotos militares de la Fuerza Aérea Mexicana (FAM), que ofrece en las instalaciones del Colegio del Aire y la Base Aérea Militar No. 5 en esa ciudad.

Lo rechazaron por tener una afección de por vida en uno se sus oídos. “Nunca podrás ser piloto”, le dijeron los estrictos profesores de admisión, al hacerle el diagnóstico de salud.

Decepcionado, Erasmo regresó a su natal Reynosa y se inscribió en una escuela para estudiar como técnico en construcción, algo que logró tres años después.

Terminando la escuela, de inmediato se puso a trabajar y fundó una empresa de construcción dedicándose a construir casas en serie, construir edificios, remodelar oficinas y todo tipo de construcciones industriales, se casó a los 18 años y a sus 28, cuando ya contaba con 14 empleados, entre albañiles, pintores, instaladores de pisos y otros, llegó el terrible “error de diciembre” del 1994 y todo se le vino abajo. Las deudas y la falta de liquidez para cumplir los contratos adquiridos lo llevaron a la quiebra y perdió todo, se quedó prácticamente en la calle y el único trabajo que pudo obtener fue el de vender callejero de libros en inglés, caminando casa por casa, de oficina en oficina y negocio por negocio.

El 18 de julio de 1995,  uno de aquellos días agotadores de trabajo, uno de sus clientes a quien le estaba remodelando su despacho de abogados, lo llamó a su oficina para exigirle le terminara el plafón que había quedado pendiente y Erasmo le dijo que le era imposible hacerlo porque no tenía dinero y vendiendo libros apenas le alcanzaba para sobrevivir. El poderoso abogado se molestó y lo amenazó con demandarlo por incumplimiento de contrato y llevarlo a la cárcel.

Erasmo se asustó mucho con aquella amenaza, salió de aquella oficina y después de entregar unos libros que había vendido cerca del despacho, se fue caminando sin rumbo fijo maldiciendo su suerte y su vida hasta que llegó agotado y muerto de sed a la plaza principal de Reynosa, se sentó en un macetero y puso a su lado el paquete de libros que le quedaba por vender. Revisó sus bolsillos y se dio cuenta que no llevaba un solo centavo. Se quedó sentado mirando el frente de la iglesia y observando a la gente que caminaba a su alrededor y observó que, ante aquel intenso calor, muchos llevaban en sus manos un vaso de agua de frutas o alguna paleta de hielo. Su garganta y labios resecos le reclamaban una gota de agua para calmar la incontrolable sed que le aquejaba. Desesperado y frustrado descargó su furia contra Dios, que según él lo castigaba injustamente, preguntándole por qué, si siempre se había portado bien, había trabajado mucho, se responsabilizaba por su familia y Dios lo castigaba de aquella manera tan cruel.

Fatigado, se puso de pié y se enfiló caminando hacia el noroeste de la ciudad, rumbo a la colonia Rancho Grande localizada a las afueras de la ciudad donde vivía, ya que no tenía dinero ni para pagar el boleto de un camión y después de más de dos horas de caminar por fin llegó a su hogar.

Grande fue su sorpresa al encontrarse en su casa a uno de sus primos que vivía en USA y que estaba ahí porque había venido a Reynosa a traer a uno de sus trabajadores a quien se le había muerto uno de sus hijos. Al ver su situación desastrosa, su primo lo invitó a irse con él a Arkansas a trabajar limpiando campos de algodón ganando 50 dólares diarios con un horario de 5 de la mañana a 9 de la noche. Erasmo sintió que el manto negro de nubarrones sobre su cabeza se abría y un rayo de luz bajaba hacia la tierra y le impactaba de lleno en el rostro. Cincuenta dólares diarios en aquel tiempo era un dineral y no lo pensó dos veces, aceptó la oferta de su primo y cinco días después se encontraba en un pequeñísimo pueblo a la orilla del río Arkansas, en el estado del mismo nombre.




Su vida empezó a cambiar al empezar a trabajar en los campos de algodón, ya que una parte de su sueño se empezó a hacer realidad: conoció los aviones fumigadores y su pasión por volar  le subió por el esófago como una bola de fuego incandescente. Se involucró con la limpieza de los aviones y empezó a entender un poco de ellos. Tenía con el a su familia y sus hijos eran pequeños, por lo que, para poder aprender a volar, tenía que trabajar en otras cosas además de los campos de algodón. Trabajó armando lámparas de escritorio, como mesero, y finalmente como chofer de camión de carga de 18 ruedas.

Como chofer de camión, en siete años,  recorrió los 48 estados continentales de USA y en su tiempo libre en cada ciudad que llegaba pasaba el tiempo visitando museos, aeropuertos y todo lo relacionado con la aviación o leyendo instructivos de cómo aprender a volar.  No pensaba ser piloto por su problema del oído, solo quería disfrutar el volar en un avión.

Finalmente estudió para piloto de aviones fumigadores, después para piloto e instructor de vuelo privado, obtuvo su licencia de piloto privado en USA y  su nombre se adaptó a la vida norteamericana y pasó a ser Erasmo “Eddie” Malacara, dedicándose intensamente a sobrevolar los cielos de Arkansas durante ocho años.

Una noche, recibió una llamada de una de sus hijas desde MacAllen, Texas, reclamándole su presencia en aquella ciudad, ya que se su familia sentía demasiado sola viviendo lejos de su padre. No quería regresar porque por fin vivía feliz dedicándose a volar,  pero no resistió el llamado de su familia y tuvo que hacerlo. Llegó al Valle de Texas intentando trabajar como piloto pero nadie le dio trabajo porque no lo conocían y tuvo que regresar de nuevo al oficio de chofer de tráiler, lo que hizo hasta 2007, para luego conseguir trabajo como instructor de vuelo en una escuela de aviación hasta el 2010, cuando pudo  por fin, establecerse como instructor de vuelo de manera independiente.




Nunca pensó dedicarse a ser instructor de vuelo, pero las aptitudes para algo son como una luz que se va revelando al interior de la vida de alguien día a día sin que se de cuenta y a el le gusta inspirar a los demás y siempre lo ha hecho con la gente que lo rodea y cree que Dios le dio esa facultad.

Erasmo “Eddie” Malacara, vive en MacAllen y tiene su escuela de vuelo en el vecino Edimburg, Texas, con su propio código de identificación, donde instruye a estudiantes norteamericanos, pero sobre todo a mexicanos. Ha puesto sucursales en Guadalajara, Monterrey y Mérida.

Cuando se reunía a comer con sus estudiantes, los alumnos le pedían que les escribiera en servilletas y papeles las instrucciones para volar y llegó a darles cientos de notas sobre eso y  se dio cuenta que lo más práctico era escribir un libro y así nació “Etendido, manual VFR de comunicaciones para volar en USA”. Al darse cuenta de la dificultad para distribuir su libro, se dio cuenta que era mas fácil grabar en video las instrucciones que les da a sus alumnos y la experiencia de volar. Empezó con un video rudimentario, abrió un portal de internet y empezó a subir lo que grababa para que sus alumnos y amigos los vieran. La idea funcionó, descubrió que tiene una enorme facultad para comunicar, transmitir emociones y dar instrucciones. Hoy en día tiene mas de 700 videos para el público en general y 50 de instrucciones para sus alumnos hechos con los telefonos y ipads mas modernos posibles de ultima generación, y miles de seguidores que los ven para aprender o simplemente para conocer la increíble experiencia de volar. Uno de ellos es quien esto escribe, que me encontré a Erasmo en la red, buscando conocer cómo es la vida en la cabina de un avión.

Pasa su vida volando casi diariamente sobre el sur de Texas y el norte de México, va y viene por arriba de la frontera sin que nada ni nadie lo perturbe,  ya no solo sube a la red videos instructivos, ahora los hace sobre la vida cotidiana de un piloto y tiene seguidores en todo el mundo.

Tiene una absoluta e inquebrantable fe en Dios, quien  está seguro lo llevó de la mano por el camino de sus sueños, aunque de eso se dio cuenta hasta que fue piloto, pero también cree que  “a la fe hay que ponerle patitas” y trabaja prácticamente todos los días, a veces hasta el agotamiento.




Tiene canal de Youtube, un portal de internet llamado Eddie Aviation Services, donde ofrece Eddie Aviation Videos, Eddie Aviation Radio, Erasmo Malacara Facebook, el foro de aviación, libros, revistas así como diferentes ligas de contacto con compañías y productos relacionados con la aviación, así como diferentes productos diseñados para ayudar a sus estudiantes a crecer como pilotos profesionales y su libro de instrucciones para pilotar.

No tiene avión propio,  no lo necesita, los aviones que utiliza para enseñar los renta, y así tiene acceso a 15 diferentes tipos de avión para enseñar, y si tuviera uno solo lo utilizaría para pasear con y sería un Cougar.

No tiene un plan definido sobre el futuro de su vida y ha descubierto que mientras no se le borre la visión de lo que quiere conseguir las cosas se irán dando solas. Ve la vida como un elefante al que hay que comerse de mordida en mordida.

Su idea siempre es promover la aviación, motivar a la gente a salir adelante en el oficio, pero también tiene que entretener a sus seguidores (yo soy uno de ellos) y ya no solo se dirige a sus alumnos pilotos sino a todo tipo de seguidores y hace videos de todo tipo comunicando la parte humana de un instructor de vuelo Cree tener un buen juicio para decidir que sube en su portal para que sus seguidores los vean

Cree firmemente que hay una parte intuitiva  en su personalidad y busca enriquecer la vida de las personas a través de la aviación en toda Latinoamérica y la intención de su corazón es ver a cientos de pilotos latinos en los cielos del mundo.

Después de muerto, quiere que la gente lo recuerdo como un “portero”, el que les abrió la puerta a miles para que entrar al mundo de la aviación. Dios le dio el regalo de la aviación y tiene la intención de compartirla.

Espera que Dios le dé otros 50 años más de vida para seguir comunicando sus experiencias y hacer historia el mundo de la aviación latina, y morir volando, y que el ultimo despegue de su vida sea en un vuelo camino a la presencia del Señor, pero antes de llegar, quiere hacer un vuelo en el espacio.

Ahora recapacita que todo aquel sufrimiento que vivió, que terminó sacándolo de México en 1995, no era un castigo de Dios, era que Dios estaba buscando la forma de llevarlo hacia el sueño que había siempre había tenido: Ser un piloto aviador.

Mientras tanto Erasmo siempre termina sus videos con la frase: “mantengan los cielos seguros y divertidos.”




*Ignacio Lagarda Lagarda. Geólogo, maestro en ingeniería y en administración púbica. Historiador y escritor aficionado, ex presidente de la Sociedad Sonorense de Historia.


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