La Perinola: El descuido de uno mismo






Por Álex Ramírez-Arballo
Sostengo la idea de que las escuelas tradicionales no nos enseñan a vivir. Se trata de instituciones con una exclusiva vocación de entrenamiento que en la gran mayoría de las ocasiones ni siquiera cumplen a cabalidad; el tiempo ha cambiado y los conocimientos han dejado de ser un “algo” que se transmite de generación en generación, como si fuera un estafeta. Entendámoslo.
Hoy en día el saber es múltiple, reticular y vertiginoso. Es preciso mantener siempre una buena disposición de cara a los nuevos conocimientos y, sobre todo, saber que más allá de los saberes tradicionales, la realidad nos empuja a la creatividad y el reemplazo constante de paradigmas.
Todo esto viene a caso porque con el año nuevo es común que la gente, con más buenas intenciones que otra cosa, decida realizar cambios que bien sabe son necesarios en su vida. El problema es que estos propósitos de enmienda son coyunturales y falaces. Uno no construye su vida con base en arrepentimientos sucesivos sino como consecuencia de decisiones razonadas y libres.
Esto es, pues, para cerrar el rizo, lo que yo creo las escuelas deberían promover como saber central en su curriculas: el cuidado de uno mismo. Atender nuestra vida debería ser el principal deber de cada uno de los ciudadanos de un país; y que quede claro que no pretendo elaborar un discurso edificante. A lo que aspiro es a la recuperación de una virtud clásica: la sensatez. La responsabilidad social que todos tenemos comienza en nuestras manos, en nuestro hogar, en el entorno sencillo de lo cotidiano; no se trata de un asunto teórico sino eminentemente práctico. El cáncer de la corrupción, por ejemplo, estará ahí, por los siglos de los siglos, hasta que el cuidado de uno mismo no sea el modelo de una nueva conciencia en la que sean forjados los más pequeños.
Mientras no seamos conscientes de nuestro deber con nuestra propia vida, no seremos verdaderamente adultos. Mientras nos refugiemos en la esperanza vana de un cambio radical y repentino, no conseguiremos movernos un centímetro de donde ahora mismo nos encontramos. Mientras no asumamos el mandato crístico de amarnos a nosotros mismos como a los demás, todos los años serán siempre la misma cosa y nuestra vida una oportunidad trágicamente desperdiciada.
Álex Ramírez-Arballo. Doctor en literaturas hispánicas. Profesor de lengua y literatura en la Penn State University. Escritor, mentor y conferenciante. Amante del documental y de todas las formas de la no ficción. Blogger, vlogger y podcaster. www.alexramirezblog.com





