jueves, abril 3, 2025
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La Perinola: Una filosofía de vida

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Por Álex Ramírez-Arballo
No hay lectura que me haya abierto más puertas en esta vida que la filosofía. Sí, la vieja filosofía hizo que aparecieran puertas ahí donde aparentemente todo era absurdidad y sinsentido. ¿Pero, por qué? La respuesta es simple, porque la filosofía nos enseña a pensar críticamente, situando nuestro pensamiento en un contexto determinado, evaluando y analizando con base en argumentos e información objetiva, y no en apasionamientos caprichosos; por otro lado, el pensar filosófico es un potente estimulante de la creatividad. Entre más riesgos se tomen en la vida, más pertinente será echar mano del pensamiento formal.

En el mundo actual, la filosofía es una actividad marginal. Vivimos rodeados, no me cansaré de decirlo, por un mecanismo de propaganda que pretende deliberadamente deshumanizarnos para que de este modo dejemos de “divagar” y nos centremos en una actividad principal: el consumo. En estas circunstancias es que la filosofía se estigmatiza como ocio, esnobismo o pura tontería. Atacar la filosofía es atacar al ser humano. Así de serio. Esto es particularmente dramático en el ámbito docente, donde se recortan sistemáticamente estas disciplinas en nombre de un pragmatismo que empuja a generaciones enteras al mundo de la tecnología y el mercantilismo, olvidando o queriendo olvidar que no hay actividad humana que cobre pleno sentido sin el auxilio de un sistema filosófico.




Por otro lado, percibo en grandes sectores de la población un natural deseo de comprender su existencia, su situación y las realidades que todos debemos enfrentar día a día. El vacío que la filosofía ha dejado es llenado rápidamente por embaucadores, sofistas, mercaderes de baratijas discursivas que hacen su agosto vendiendo fórmulas de la felicidad como quien vende pastillas para curar la diarrea. Venden sueños bobos a los que se dejen; lo terrible es que nadie menciona jamás que esos sueños mentirosos roban la vida al ofrecernos una lectura simplona, reduccionista, de la experiencia humana. Vivir duele y es difícil; vivir implica enfrentar las injusticias y comprometernos moralmente con las causas justas; vivir es peligroso entre tantos homicidas como hay; vivir es aceptar nuestras carencias, nuestras debilidades y nuestras limitaciones insuperables, como la muerte. Por todo esto es que se requiere una filosofía de la prudencia vital, que forme personas fuertes intelectual y espiritualmente, con virtudes humanistas y humanas, con un deseo de vivir plenamente, lejos de ese anzuelo con un billete ensartado que tira a tantas personas hacia una vida que no existe, mientras, lamentablemente, pierden la vida real, esa vida llena de posibilidades personales y comunitarias que tienen como un don invaluable

Perder la capacidad de filosofar, esa capacidad que todos tenemos, es envilecerse.




 

Álex Ramírez-Arballo. Doctor en literaturas hispánicas. Profesor de lengua y literatura en la Penn State University. Escritor, mentor y conferenciante. Amante del documental y de todas las formas de la no ficción. Blogger, vlogger y podcaster. www.alexramirezblog.com


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